jueves, 11 de enero de 2018

Rusia y China, al rescate de Venezuela

Vicky Peláez

Fracasada la espiral de la violencia, auspiciada por EEUU y dirigida por la oposición nacional, Venezuela ha entrado en un ciclo de estabilidad política y social por primera vez desde que Nicolás Maduro fue elegido como presidente legítimo de la República Bolivariana en 2013.

"Los pueblos oprimidos pueden liberarse solo a través de la lucha. Esta es una verdad simple y clara confirmada por la historia" (Kim Il-sung, 1912-1994)

El orden impuesto por la Asamblea Nacional Constituyente y la elección de los gobernadores fueron decisivos. A la vez, el intento de EEUU de ahogarlo financieramente declarando al país en default selectivo, que lo iba convertir en un paria financiero, fue neutralizado por la ayuda decisiva de Rusia y el apoyo de China.
Según el politólogo y economista venezolano Andrés Giussepe, después de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente del 30 de julio pasado y las elecciones de gobernadores del 15 de octubre, "los partidos tradicionales ahora no deciden la vida republicana en Venezuela, hoy es el poder popular quien la decide. Esos dos procesos electorales realizados en menos de tres meses han expresado con mucha fuerza que los venezolanos no queremos más violencia, terrorismo guarimbero, ni guerra económica que inducen la inflación, ni mucho menos las amenazas y sanciones del Imperio del Norte".
Sin embargo, la obsesión de la Casa Blanca y su presidente de turno, Donald Trump, por adueñarse de los 600.000 millones de barriles de petróleo venezolano, ofusca a los líderes norteamericanos su capacidad de razonar y no darse cuenta de que las sanciones económicas y financieras no han producido los efectos programados por sus estrategas en Venezuela.
El hecho de no poder ponerlos de rodillas enceguece aún más a Trump y a sus aliados de la OTAN, que tratan de inventar nuevas sanciones económicas y financieras para 'hacer chillar' la economía del país y ahogar el esfuerzo del pueblo para sostener las conquistas sociales logradas en los últimos 16 años.
El 25 de agosto pasado, el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, anunció una nueva orden ejecutiva de Donald Trump, promulgada a pedido de la oposición venezolana, dirigida a vetar el financiamiento necesario de los bonos que Venezuela ha emitido y que tiene que pagar y que iba a colocar en el mercado internacional.
Para justificar esta medida, Mnuchin declaró que "la acción impuesta contra Caracas está dirigida a la prohibición de acceso de Venezuela a los mercados de deuda y equidad de EEUU. Así no van a poder sacar ventajas del sistema financiero de Washington para destruir la economía venezolana. Estas medidas también van a minar la capacidad de Maduro de pagar a los partidos y simpatizantes del Gobierno y va a aumentar presión sobre Caracas para que abandone su desastroso camino".
Casi inmediatamente, las agencias calificadoras de riesgo financiero Fitch Raiting y Standard & Poor's rebajaron la nota de la deuda de Venezuela. Fitch la bajó de la categoría CC a C, casi la más baja en la escala, y Standard & Poor's la bajó de CCC a CC. El pretexto oficial para estas acciones, según las agencias, fue la decisión del Gobierno bolivariano de renegociar sus obligaciones de la deuda externa soberana.
Los organismos calificadores alertaron en seguida a los poseedores de bonos de Venezuela de la probabilidad de suspensión de pagos por parte de Caracas. Generalmente, las transnacionales financieras se guían por las calificaciones de estas agencias y tener la nota de la deuda CCC, CC o C significa un serio riesgo para la compra de la deuda de un país incluido en esta categoría.
A la vez, las agencias calificadoras Fitch, S&P y Moody's están en manos de las familias multimillonarias de los Goldman Sachs, Rockefeller, Rothschild, Wilbur, Wallenberg, Moses, los que en realidad toman decisiones respecto a un país determinado y transmiten sus órdenes a las agencias calificadoras y a las ocho corporaciones financieras más importantes de Estados Unidos, como JP Morgan Chase, The Bank of New York Mellon, Morgan Stanley, Wells Fargo & Company, Godman Sachs, Citigroup, Bank of America y State Street Corporation.
La calificación de la situación financiera de cada país se establece en realidad en la 'familia' y se toma la decisión de acuerdo a los intereses geopolíticos y geoeconómicos de los miembros de este círculo de los más poderosos y ricos del planeta.
Así, para estrangular la economía del país con la mayor reserva petrolera del planeta, Venezuela, se tomó la decisión de declarar la nación en 'default parcial' (incumplimiento de la obligación de pagar estipulada en el acuerdo o contrato de préstamo). El término 'parcial' se refería al atraso de intereses de 1.200 millones de dólares y el pago principal del bono 2017 de los Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA).
En la práctica financiera, el momento en el cual se considera que el préstamo o contrato es moroso varía según el organismo o acreedor de que se trata. Colombia recibió el trato bien indulgente al atrasar uno de sus pagos; la Argentina de Macri acordó una deuda por 100 años y Ucrania no está cumpliendo con sus obligaciones con sus acreedores desde 2015. Sin embargo, las calificadoras de riesgo no dicen ni pío.
Entonces, no se trata de un problema financiero sino de una presión política que se produce a costa de manipulaciones en la mayoría de casos. Venezuela está en esta órbita. Resulta que el Gobierno de Maduro y la PDVSA cumplieron con sus obligaciones con un atraso de menos de 30 días, pero inexplicablemente el pago fue demorado más todavía, como lo explicó The U.S. Trust Co. DTC, que transfirió el pago a la proveedora de servicios financieros Euroclear. Hay que recordar que Euroclear y la compañía Clearstream controlan casi el 100% del sistema financiero global de 'compensaciones internacionales'.
La Euroclear, con sede en Bruselas, fue fundada por el banco norteamericano JP Morgan y la Clearstream con su oficina principal en Fráncfort del Meno (Alemania) es parte de Deutche Börse AG.
Para no irritar a Washington y evitar ser incluidas en la lista del Departamento de Estado como 'colaboradores de Maduro', estas compañías simplemente hacen 'perder' por un tiempo los pagos que realizan el Gobierno de Venezuela y la PDVSA, como pasó recientemente con el pago del bono PDVSA 2020 por 842 millones de dólares, que fue transmitido a tiempo pero desapareció como por magia en el sistema de Euroclear y en el de Clearstream. Todas estas manipulaciones fueron utilizadas por las agencias calificadoras para declarar al país y la PDVSA en 'default sel
Cabe decir que este 'default selectivo' es en realidad un 'default político', llevado a cabo para crear pánico entre los tenedores de bonos venezolanos y crear condiciones para los 'fondos buitres' para apoderarse de un paquete significativo de las obligaciones venezolanos, como lo pasó con Argentina en 2004.
Por el momento, Venezuela logró repeler el ataque financiero de Washington y ahora el país está más estable que antes, después de que el Gobierno de China asegurara oficialmente la "capacidad de pago" de la República Bolivariana. Además, Moscú contribuyó a refinanciar la deuda de 3.000 millones de dólares del país. También el precio de petróleo está en una subida, lo que conviene al país. Actualmente, la situación se calmó pero para el próximo año Venezuela necesitará unos 10.000 millones de dólares adicionales que seguro le otorgarán China y Rusia, también interesados en el petróleo venezolano.
El período de estabilidad política que está viviendo actualmente el país es debido a la visión pragmática del Gobierno que, con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente y los comicios de gobernadores, ha logrado invertir los ataques de la oposición y sus guarimberos y redirigirlos contra la propia oposición.
Tanto ha cambiado la situación interna en el país que, según el periodista José Vicente (Programa José Vicente Hoy), "le iría mal a la oposición si van de nuevo a la violencia". Los opositores se dividieron y muchos se marcharon al extranjero.
Llegó el momento para que el Gobierno de Maduro ponga orden en el país y lo está haciendo con la ayuda del poder popular y las comunas reforzando los programas de salud, educación, cultura, amas de casa, pensiones. Sin embargo, la tarea más importante, según el fiscal general de la nación, Terek William Saab, es desarticular una especie de mafia que se ha apoderado de todo el territorio nacional.
El sabotaje de Protinal que enterró miles de pollos para no bajar el precio extremadamente elevado en el mercado es parte de la estrategia de esta mafia que trabaja al unísono con los intentos desestabilizadores de Washington. La promulgación de la Ley Orgánica de Precios Justos, la Ley Antimonopolios, la Ley Contra los Cambios Ilícitos, todas aprobadas por la ANC, son un paso para derrotar a los altos precios especulativos y la guerra económica en general, regular los intereses particulares y tratar de elaborar un nuevo modelo productivo para abandonar el modelo rentista.
El Gobierno de Venezuela ha desarticulado también una mafia en su empresa CITGO Petroleum Corporation, empresa refinadora de petróleo en EEUU y comercializadora de gasolina, lubricantes y petroquímicos, que aporta el 96% de divisas al país. Según los analistas, falta "limpiar la casa desde adentro y se necesita una activa participación popular, de los comités populares y de la juventud para luchar contra la especulación". Si, según Resumen Latinoamericano (17/11/2017), "la CIA está preparando jóvenes venezolanos para formar grupos paramilitares en zonas estratégicas de la Amazonía peruana con la finalidad de ingresar a Venezuela y derrocar al Gobierno de Maduro", entonces "vale la pena preparar a jóvenes bolivarianos para defender el país de los saboteadores internos", indican.
Ni la guerra económica, financiera, política, social, psicológica y, en especial, la mediática, promovida por Washington y su aliado incondicional local, representado por el sector privado oligopólico y monopólico, han podido doblegar la voluntad del pueblo venezolano de seguir su propio camino hacia la democracia y la paz.


"Agresión de EEUU a Venezuela pretende debilitar a Rusia y China"


martes, 9 de enero de 2018

El control que ejerce Estados Unidos en el mundo

Por Marcelo Colussi

Algunos años atrás, luego de los atentados contra las torres del Centro Mundial de Comercio en Nueva York en el año 2001, el gobierno estadounidense lanzó el Acta Patriótica.
El Acta Patriótica fue inicio de lo que en ese momento la administración Bush llamó “guerra total contra el terrorismo”. Así se pusieron en marcha: 1) las llamadas guerras preventivas, y 2) el control –anticonstitucional– de su propia población.
En nombre de la “defensa de la patria” se pisoteó la soberanía de todos los países del mundo, pasando por encima de la Organización de Naciones Unidas, comenzándose una serie de invasiones a países supuestamente “focos de terroristas” (en realidad: grandes reservas de petróleo, gas, agua dulce, biodiversidad o minerales estratégicos). Y en lo interno, con una política de corte fascista, se conculcaron derechos históricos de la población estadounidense, haciendo de cada ciudadano un posible objeto de espionaje sujeto eternamente a control.
En esa lógica, convirtiendo a la humanidad completa en “sospechosa”, se desarrolló la iniciativa TIA: Total Information Awareness (traducida como “Conocimiento Total de la Información”), también conocida como Terrorism Information Awareness (Conocimiento de la Información sobre el Terrorismo). El programa formó parte de la Ley de Seguridad Nacional y, tras su creación en enero de 2003, fue gestionado por la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA). Para ello la DARPA inició la adjudicación de contratos para el diseño y desarrollo de los componentes del sistema TIA en agosto del 2002, por medio de empresas contratistas. Al hacerse público el proyecto, muchas organizaciones de derechos humanos y defensa del ciudadano alzaron la voz, protestando ante esa grosera intromisión del Estado en la privacidad de cada estadounidense. Ello trajo como consecuencia que el Congreso se viera forzado a detener el programa, dejándolo de financiar. Pero poco tiempo más tarde, hacia el 2006, diversas filtraciones a la prensa informaron que el software desarrollado se había desplazado a otras agencias de espionaje, en particular la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). En otros términos, aunque no exista el proyecto TIA, sus elementos fundamentales sí son utilizados a diario por las agencias federales de control.
Años atrás todo esto parecía una idea de ciencia-ficción de un drama orwelliano; hoy día ese panóptico universal es una realidad: sistemas de control absoluto de la población planetaria. Ese control tiene dos vías: por un lado, las empresas disponen de toda la información necesaria para afinar sus estrategias de mercadeo (¿qué le gusta a cada persona?, ¿qué necesita?, ¿cuáles son sus debilidades?, ¿qué compra habitualmente?, ¿qué ofrecerle?). Por otro, las agencias gubernamentales de espionaje pueden examinar todos los datos de la vida de cada ciudadano, estableciendo el grado de “peligrosidad” que representa para el sistema.
El engendro surgido con la administración Bush se concreta con otro nombre, pero con similares objetivos. El mismo complementa –y supera con creces– la Red Echelon (compleja trama de espionaje mantenida igualmente por los Estados Unidos y algunos de sus socios, consistente en un tejido de antenas, estaciones de escucha, radares y satélites, apoyados por submarinos y aviones espía, unidos todos a través de bases terrestres, y cuyo objetivo es controlar todo tipo de comunicaciones mundiales, entre las que se encuentran correos electrónicos, envíos de fax, comunicaciones por cable, por satélite, transmisiones radiales, conversaciones telefónicas).
El dispositivo en cuestión permite a Washington mantener un espionaje total, continuo y avasallador no sólo de las comunicaciones –parte medular de lo que desea controlar, y que de hecho ya está haciendo– sino también de las transacciones financieras, los registros de vuelo, las declaraciones de impuestos, la venta de paquetes accionarios, los movimientos de tarjetas de crédito, los archivos médicos de la población mundial. En definitiva: una forma de control absoluto de cada ser humano sobre la faz del planeta; control que se ejerce no sólo sobre sus comunicaciones sino –esto es lo aterradoramente novedoso que comenzó a desarrollarse con TIA– sobre sus características biométricas (el tramado del iris, las huellas dactilares, la voz), todo lo cual permite un monumental banco de datos universales que posibilita a los agentes de inteligencia buscar y hallar por satélite a una persona en cualquier lugar del mundo y con una velocidad pasmosa.
Rápidamente explicado, estos sistemas del que TIA fue el precursor –desarrollado en ese entonces por el Comando de Inteligencia Naval de los Estados Unidos– consisten en una combinación de tecnologías de punta del campo de la informática (entre las que se cuenta una monumental base de datos que permite almacenar información personal de los 7.500 millones de habitantes actuales del planeta, incluyendo videos, fotos y parámetros biométricos de cada ingresado al programa), con la capacidad de localización por satélite e identificación de seres humanos a distancia por medio de las características biométricas almacenadas.
Apoyan y complementan la iniciativa un traductor universal, que puede convertir instantáneamente en texto una grabación de voz, capaz de intervenir conversaciones telefónicas en cualquier parte del mundo, así como un sistema para “interpretar” las relaciones entre distintos sucesos aislados o que, aparentemente no tienen conexión. Éste detecta patrones comunes en la actividad de diversas personas, grupos, empresas, movimientos financieros, viajes, compras; es decir: cualquier movimiento que se quiera investigar.
Las explosivas declaraciones que hiciera tiempo atrás el ex espía estadounidense Edward Snowden (¿arrepentido?) permiten ver que los programas diseñados hace más de una década en la administración Bush, hoy día son una realidad, no importando qué partido gobierne en la Casa Blanca. Según aseguró el ahora ex agente, el programa de la NSA no se limita a la recolección de datos sobre la inteligencia extranjera, sino que también actúa sobre todas las comunicaciones que transitan dentro de Estados Unidos. En ese sentido, el programa PRISM es la más brillante creación del espionaje de Washington. Todos, absolutamente todos estamos controlados, vigilados, espiados.
El centro de operaciones principal para la vigilancia digital está en el Estado de Utah, cerca de la pequeña ciudad de Bluffdale, en el condado de Salt Lake. En un artículo publicado por James Bradford en el Wired Magazine en marzo de 2012 se reveló que la obra, de 2.000 millones de dólares de costo, funciona como mega-almacén de información digital de la Agencia de Seguridad Nacional. El centro cuenta con la capacidad más grande concebida para almacenar datos de vigilancia electrónica de todas partes del mundo: la unidad de capacidad para guardar esa información se mide en cientos de exabytes (cada uno equivalente a más de mil millones de gigabytes). El centro de espionaje utiliza la energía eléctrica de la pequeña ciudad vecina para tener los servidores en marcha y millones de litros de agua para mantenerlos frescos. Alrededor del perímetro de la construcción una serie de sensores de detección de intrusos brinda la seguridad necesaria para trabajar tranquilos, apoyados por guardias armados. La NSA no lo niega; por el contrario, llamándolo Centro de Datos de la Comunidad de Seguridad Cibernética Iniciativa Nacional Integral, afirma que ayuda a proteger las redes civiles de los ataques cibernéticos. Sin embargo, esto no es competencia de la Agencia de Seguridad Nacional. De hecho, en su investigación Bradford afirma que el centro se utiliza para albergar una increíble cantidad de datos interceptados, tomados dentro y fuera de los Estados Unidos. En ello, las llamadas redes sociales (Facebook, Twitter) son pieza especialmente importante.
Con las revelaciones de Edward Snowden, el tamaño y la monumental capacidad del centro de datos de Utah toman sentido. Los documentos filtrados por el ex agente detallan, entre otras cosas, un programa integral denominado PRISM, que absorbe grandes cantidades de información personal de las empresas de telecomunicaciones y de internet como Google, Apple y Verizon, combinándolos en una base de datos única. Snowden afirmó, en una entrevista con el diario británico The Guardian, que la base de datos PRISM permite vigilar y espiar a quienquiera en cualquier parte del mundo. La privacidad personal desaparece así: todos somos sospechosos potenciales, todos estamos observados. El panóptico ya no es algo de ciencia ficción: está aquí, vigilándonos.
Pareciera, entonces, que no hay nada que hacer. ¡Pero no es así! Por más controles que se pongan, la injusticia lleva a la reacción, a la acción revolucionaria transformadora. ¡Y las injusticias no han terminado! Por tanto, la acción revolucionaria sigue siendo válida.