lunes, 14 de enero de 2013

Los masones italianos y el oro de Yugoslavia



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Foto: Ria Novosti

El 14 de enero de 1953 el mariscal Tito asumió la presidencia de Yugoslavia. Pero hasta el presente muchos historiadores comentan que construyó el socialismo en Yugoslavia valiéndose del oro de la Casa Real de Karađorđević

Uno de los líderes reconocidos de la Internacional Comunista, Maurice Thorez, y el líder de la URSS, Iósif Stalin, entregaron al mariscal la enorme fortuna de la antigua Yugoslavia. Y cuando se acabó el dinero, el país se derrumbó en pedazos.
La misteriosia historia de las reservas doradas del Reino Yugoslavo comenzó en la primavera de 1941, cuando los aviones de la Luftwaffe lanzaban diariamente miles de bombas sobre Belgrado. Era evidente para todos que Hitler pronto ocuparía el país. Pedro I de Serbia (Petar I Karađorđević) decidió, junto a su nuevo gabinete, sacar de la capital toda la reserva de oro, primero a Montenegro, y luego a Egipto.
Sesenta toneladas del metal precioso fueron empacadas en mil trescientos huacales de madera. Un tren especial, compuesto por cincuenta y siete vagones, se puso en marcha, bajo fuertes medidas de seguridad. El “tren de oro” demoró justamente un mes para llegar al puerto de Kotor en el Adriático. Junto a las reservas estatales, Pedro I y su séquito trasladaron una considerable cantidad de joyas personales y divisas.
Sin embargo, ya no fue posible cargar el oro en el barco: los fascistas italianos ocuparon prácticamente todo Montenegro. En las montañas donde otrora los forajidos conocidos como haiduques guardaban lo robado, descubrieron una cueva donde escondieron las sesenta toneladas del oro real de Yugoslavia. El rey Pedro I, tomando consigo apenas un menudeo para gastos personales, huyó a Londres.
Hasta 1943 los italianos estaban convencidos que el oro había sido llevado a Egipto, pero alguien condujo a los fascistas a la cueva. Mussolini ordenó inmediatamente trasladar el oro a Roma, cuidándose naturalmente de no informar Adolfo Hitler, su correligionario. Esta operación fue realizada por el joven fascista Licio Gelli, quien transportó la carga en un tren médico que supuestamente trasladaba a setenta y tres soldados contagiados con viruela, y tras cruzar los puntos de control nazis llegó a Trieste. Allí entregó oficialmente ocho toneladas del metal precioso al director del banco estatal italiano, y escondió las restantes cincuenta y dos toneladas. Comprendiendo que todo cambiaría pronto, Gelli comenzó a prepararse para vivir bajo un nuevo gobierno.
A fines de 1944 Gelli conoció al líder de los comunistas italianos, gran amigo de Stalin, Palmiro Togliatti. En ese momento éste era miembro del gobierno de coalición de Italia. El camarada Togliatti hacía gestiones para rehabilitar al ex fascista, por lo cual Gelli entregó a Palmiro Togliatti otras veintisiete toneladas de oro. Por supuesto que ni chistó que se robó sesenta toneladas de oro en Yugoslavia y se embolsó el resto, veinticinco toneladas más.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial Palmiro Togliatti entregó el “regalo” de Licio Gelli al nuevo dueño de Yugoslavia, Josip Broz Tito, quien comenzó a construir el socialismo apoyándose en la reserva de oro de Karađorđević. Tras su distanciamiento con Moscú en 1948 Tito recibió treinta millardos más de dólares. Hasta sus últimos días, el mariscal Tito idolatraba el oro, adoraba las joyas y el lujo.
Licio Gelli sobrevivió a todos sus patrones. En abril de este año cumplirá noventa y cuatro años. Tras la guerra el señor Gelli pasó a ser el propietario de una imprenta en Pistoya, luego se dedicó a la ebanistería. En 1962 fue admitido por la logia masónica Propaganda-2, de la cual pasó a ser secretario ejecutivo en 1969 y luego, Gran Maestro. Tras el cierre oficial de la logia en 1974 la convirtió prácticamente en una sociedad política secreta.
Gelli fundó veinticinco compañías de fachada en Liechtenstein, Luxemburgo y Panamá, estableció amplios contactos con la administración de Reagan, se relacionaba con el presidente de Haití Duvalier y los círculos allegados al presidente argentino Perón. Su fortuna personal se incrementa con fincas en Chile y Paraguay, casas y apartamentos en México y Brasil. El señor Gelli colabora activamente con la CIA y viaja sin descanso por todo el mundo, pero sobre todo por EEUU y América Latina, controlándolo todo. Y así se mantuvo hasta principios de la década de los ochentas.
Pero llegaron “tiempos negros”. En 1981, al escapar precipitadamente de su villa Wanda, avisado de la visita de los carabinieri, Gelli no tuvo tiempo para desenterrar del patio la caja fuerte con parte del oro yugoslavo y un listado de los miembros de la logia masónica. En esa lista había tres ministros, veintitrés diputados al parlamento, diez prefectos, diez generales del cuerpo de carabinieri, siete generales de la guardia financiera, seis almirantes, ochenta y tres presidentes de compañías estatales, doce directores generales de bancos, sin contar a jueces, fiscales y demás funcionarios. La comisión parlamentaria que hizo pública la lista de la logia Propaganda-2 que incluía novecientos setenta y dos nombres, la consideró auténtica pero incompleta. Licio Gelli era el cabeza de la logia. 
A ello le siguió la confiscación de ciento veinte millones de dólares de uno de los bancos de Génova, su detención y prisión, una evasión y varios años después, otra nueva detención. Sin embargo, en lugar de doce años de prisión, Gelli solo firmó un documento donde se comprometía a no abandonar el país. La villa Wanda fue confiscada por el estado, pero tras varias subastas infructuosas, fue confiada a Licio Gelli como velador responsable. Durante los últimos años abandonó sus asuntos y se dedica a escribir poemas y relatos.
Gelli es una de las personalidades más contradictorias de la vida política italiana. La logia masónica Propaganda-2 entre 1974 y 1981 fue un centro de encuentro de los intereses de la política, el negocio, las esferas militares. La sociedad actual cambió, las personas que dirigen son otras. Pero a Gelli no le gusta recordar sus glorias pasadas: los parlanchines viven poco. El silencio es oro. Porque todavía falta bastante para que caiga el telón. 


Fuente: http://spanish.ruvr.ru/2013_01_14/Los-masones-italianos-y-el-oro-de-Yugoslavia/

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